RAFAEL CAMPO MIRANDA, 99 AÑOS DE VIDA, MÚSICA Y POESÍA…

“Yo nací en la costa que tiene el cielo donde más brilla el sol
Yo vivo añorando aquel paisaje que me vio un día nacer
Con ritmo de cumbia me bautizaron con agua, sol y sal
Y me dieron por cuna toda la espuma de las olas del mar.

 Cumbia Roja” u “Hombre de mar”.  Interprete: Nelson Henríquez.

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Por Rafael Campo Vives

Rafael Campo Miranda, compositor en grado sumo, de los eminentes artífices y virtuosos de la música colombiana caribeña quien ha contribuido con su estética a que nuestra región adquiera plena conciencia de su propio valer, de sus tradiciones consustanciales y de sus posibilidades futuras.
En el municipio atlanticense de Soledad vio la luz del mundo un 7 de agosto de 1918 fecha en la que asimismo se posesionaba como Presidente de Colombia el escritor y diplomático antioqueño Marco Fidel Suarez. Sus padres, Juan Campo Serrano y Cándida Rosa Miranda acogían así un nuevo retoño, vástago predestinado a honrar con creces la música de la región y del país.
El potencial creativo de Rafael Campo Miranda tuvo su alumbramiento antes de los 20 años de edad. Desde sus inicios en el arte de la composición se consagró por completo a la música de la región. Vivía enamorado de la naturaleza, del trópico, del horizonte crepuscular que contemplaba, entorno cálido que sería escenario y epicentro de muchas de sus composiciones musicales.
Consciente a muy temprana edad de su misión creativa analizó con ahínco todo el repertorio musical del Caribe colombiano de entonces. Concluyó, que gran parte de las letras, textos y relatos de la música de la región permanecían sumidas en una lírica provinciana y lugareña: “Nuestro aires vernáculos piden mucho más. Falta poesía, lirismo, belleza, profundidad…”
Contaba a la sazón con 18 años cuando sintió ansias de frecuentar lugares de su Costa Atlántica. Puerto Colombia, Pradomar, Sabanilla, Salgar y su tierra natal Soledad con sus alrededores, fueron los parajes que nutrieron su numen, su musa. Y fue en el floreciente y próspero municipio de Puerto Colombia cuando en la década de los años 40 compone el porro “Playa”, la célebre “Playa, brisa y mar...” canción con la que comenzó a obtener sus primeros logros como autor pues el lanzamiento de este disco bajo el sello berlinés Odeón con filial en la Argentina, se constituyó en éxito rotundo tanto en Colombia como en el exterior.
Surgía así, una nueva y lozana corriente musical en Colombia: el porro atlanticense, de estilo sustancialmente poético, idílico, bucólico. Fue una tendencia innovadora en su momento que luego seguirían destacados creadores y músicos atlanticenses como Francisco “Pacho” Galán, Rafael Mejía, Esther Forero y Adolfo Echeverría, entre otros.
Luego del surgimiento de “Playa” brota otro porro innovador: “Lamento náufrago” quizás, el éxito más decisivo y trascendental en el repertorio de Rafael Campo Miranda. Esta brillante partitura, nostálgica como ninguna, poética y vivencial lleva impregnada una seductora melodía de insinuante y sensual encanto. Invención musical de peculiarísima originalidad que deslumbraría a multitudes.
En Campo Miranda se descubre al poeta aun ahí donde solo esperamos hallar al músico. Con tan estrecho lazo, se une lo uno con lo otro, por lo que no es fácilmente discernible si en sus canciones es más significativo el contenido puramente musical o el tejido poético.
En todas las épocas y estilos de la historia de la música ha proliferado la buena y mala música. Desde los ambulantes juglares y nobles trovadores de la Europa medieval hasta nuestros días: la buena música, aquella merced a la cual el alma tiende hacia la belleza, hacia la sublimidad y la otra, la tosca, la música abyecta, degradada e impúdica que relaja las costumbres y pasiones: “...…la música de estos tiempos, salvo respetables excepciones, esa que escuchan gran parte nuestro jóvenes, no es más que un alboroto, con ritmos atestados de un palabrerío intrascendente donde se hace apología al músculo, a la carne, al erotismo. El estado debería velar por mantener la moral. Para ello necesita legislar sobre el uso de la mala música y su influencia negativa en la conducta del pueblo.
Fueron amigos, colegas y allegados de Rafael Campo Miranda músicos, compositores  e intelectuales insignes quienes con cierta asiduidad le frecuentaban. Unos, indagando sobre nueva música; otros, confraternizando lazos de estima, aprecio y consideración. Dignos de mención, Lucho Bermúdez, Matilde Díaz, Pacho Galán, Rafael Escalona, José Barros, Esther Forero, Rafael Mejía, Antonio María Peñaloza, Luis “Billo” Frómeta, Renato Capriles, Nelson Pinedo, Nelson Henríquez, Jaime R. Echavarría, Manuel y Delia Zapata Olivella, Jorge Artel y Sonia Osorio, todos ellos, memorables personajes de nuestra Colombia docta y elevada.
Luego de “Playa”, de “Lamento náufrago”, se sucederán otros éxitos musicales que rebasaran los límites patrios: “Entre Palmeras” (éxito en Méjico, Cuba y Las Antillas), “Viento verde” (en Venezuela), “Noches de cumbia” (Panamá y Centroamérica), “Pájaro amarillo” (Estados Unidos, Argentina, Paraguay y llanos de Colombia y Venezuela).
Posteriormente, durante la década de los años 80, Rafael Campo Miranda compone más cantos pletóricos de amor, de poesía y cadencia, obras musicales dignas de máximo encomio: “La cometa, Unos para todos”, “Brisas del valle”, “Volaron las garzas” y la ya conocida, “Nube viajera”:

“Nube viajera que te vas volando
Bañando con llovizna la pradera(Bis).
Así tendré que irme yo algún día
Derramando entre la hierba
Lagrimas del alma mía.

Nube viajera”. Merengue. Intérpretes: ChicoSalas-Nelson Henríquez.

  De los grandes intérpretes de de Rafael Campo Miranda.

De los grandes intérpretes de de Rafael Campo Miranda.

Por su refinado y elegante contenido poético la música de Rafael Campo Miranda no es esencialmente comercial o masiva. Al componer, el artista jamás pensó en la muchedumbre. Su arte se dirige más bien hacia aquellos gustos o sensibilidades que se oponen a lo populachero. En sus canciones, prodiga las frases con sencillez, con amplitud. El contenido rítmico y armónico de su música es cadencioso, acompasado, consonante, elementos que le estampan un sello propio a su repertorio.
Ha llegado a los 99 años de edad con vigor, entereza y pujanza. Su inalterable fuerza de expresión en nada se ha mermado. En su seriedad o en su alegría es sincero, reflexivo como prerromántico subjetivo: “…nadie en el mundo puede amar más a la mujer como yo...”:

 Allá en el valle vive esa mujer tan bella
Que hasta el sol de la mañana suspira por ella.
Y hasta la brisa que sopla de la cañada
Le susurra en la enramada al pie de su ventana.

 “Sol del valle”. Paseo. Autor: Rafael Campo Miranda. Intérpretes: Bovea y sus vallenatos. Alejandro Durán.

Hacia este faro viviente y luminoso tenderán sus miradas muchos artistas venideros anhelosos de descubrir una luz radiante que ilumine nuevos caminos por los que pueda transitar el nuevo arte musical de Colombia: “…seguiré componiendo mientras tenga un aliento de vida  porque componer es cosa del alma y el alma no envejece. La música es el nutriente de mi espíritu, de mi vida soñadora que tanto me ha prodigado en el ya extenso recorrido de mi existencia”.